Rese 1

15.5

 

 

 

2018010506001762649Asociación para la Defensa de las Pensiones

A los pensionistas nos sobran motivos para estar orgullosos de lo que hemos logrado hasta el momento. El año pasado el Gobierno del PP estaba dispuesto, con la complicidad de partidos como Ciudadanos y Coalición Canaria, que siempre han votado a favor de los recortes sociales, a continuar machacándonos con el 0,25% de subida. Pero nuestras masivas protestas en todo el Estado también en Canarias— les obligó a incrementar las pensiones según el IPC real en 2018 y 2019 y a subir por encima del IPC las pensiones mínimas y algunas de viudedad. Torcimos el brazo a un Gobierno que venía repitiendo machaconamente que no había dinero y que había que recortar las pensiones para hacer sostenible el sistema. Demostramos así que el problema de las pensiones no es técnico, como querían hacer ver, sino político.

VICTORIA PARCIAL .- Lo dijimos entonces y seguimos diciéndolo ahora: el retroceso del PP fue una victoria parcial, que se consolidó como tal con la moción de censura y el ascenso del PSOE al Gobierno. Ahora, después del resultado electoral del 28 de abril, estamos en mejor situación que antes, aunque la amenaza sigue sobrevolando sobre nuestras cabezas.

En las pasadas elecciones nos esforzamos en todo el Estado por hacer llegar a los partidos en liza nuestras reivindicaciones. Ahora estamos haciendo lo mismo en cada una de las 17 autonomías. Con igual intención, la defensa y mejora del sistema público de pensiones y su sostenibilidad actual y futura, dirigimos nuestras demandas a los ámbitos europeo, autonómico, insular y municipal.

MENTIRAS Y DESVERGÜENZA.- Sabíamos que la primera víctima en unas elecciones es la verdad, y sabíamos también que no hay animal más mentiroso y enredador que el animal político de Coalición Canaria. Pero en esta ocasión la mentira se une a la desvergüenza despiadada de un presidente, Fernando Clavijo, que no ha dudado en crear expectativas falsas a casi 300 mil pensionistas de los sectores más desfavorecidos. El día 3 de este mes, tras reunir solemnemente a su Consejo Asesor y con un gran despliegue propagandístico, Clavijo anunció que iba a dedicar más de 174 millones de euros del superávit de la Comunidad Autónoma a políticas sociales, entre ellos 14 millones para eliminar el copago de medicamentos a los pensionistas que cobran menos de 18.000 euros al año.

Pasados unos días de la noticia, que publicaron en primera página los periódicos afines a CC, supimos que todo era humo, cínica propaganda electoral. Es del todo inaceptable que este desemejante sujeto haya hecho tal anuncio a sabiendas de que el superávit, según la ley, solo se puede emplear para amortizar deuda o para inversiones financieramente sostenibles. Si tanto le interesa solucionar el copago sanitario, ¿por qué su diputada en el Congreso, Ana Oramas (la gran valedora de las abuelas canarias), votó hace unos meses en contra de los Presupuestos Generales del Estado, que contenían la eliminación de dicho copago? Y para más inri, ¿por qué el representante de CC en el Senado votó también en contra del aumento del techo de gasto en 6 mil millones de euros, una medida que iba a permitir a las Islas contar con unos 90 millones adicionales, para paliar las necesidades de mucha gente?

LLOVIENDO SOBRE MOJADO.- Llueve sobre mojado. Desde hace meses la Asociación para la Defensa de las Pensiones Públicas de Canarias está presentando por el registro del Parlamento firmas (ya vamos por más de 2.000), solicitando al Gobierno Autónomo que complemente las pensiones no contributivas, mínimas y de viudedad hasta el salario mínimo interprofesional. Clavijo, hoy tan preocupado por nuestros problemas, no se ha dado por aludido.

Más todavía. En marzo del año pasado el alcalde de La Laguna, José Alberto Díaz, también de CC, anunció que en el presupuesto municipal se libraría un partida de un millón de euros con destino a más de 4.500 personas del municipio que perciben una pensión no contributiva. Un año después no se sabe dónde está ese dinero ni qué destino se le ha dado.

REFORMA FISCAL JUSTA Y PROGRESIVA.- Dejémonos de miserias. Nuestro objetivo principal no es criticar las vilezas de estos politicastros, sino lograr el sostenimiento del sistema público de pensiones, ahora y en el futuro. Y para eso consideramos ineludible una reforma fiscal justa y progresiva, para que tributen más quienes más dinero tienen —es decir, las rentas del capital- y que, paradójicamente, en Canarias y en el Estado, son los que menos contribuyen a las arcas públicas.

Concretamente aquí, en el paraíso fiscal en que han convertido el Archipiélago, los mecanismos legales de evasión —la RIC, el REA y la ZEC— contenidos en el Régimen Económico y Fiscal con el pretexto de la creación de empleo y la modernización tecnológica, producen una ingente pérdida de ingresos al tesoro público canario (el 90% del impuesto de sociedades, en el caso de la RIC). Las ventajas fiscales hicieron que el año pasado las empresas inversoras se ahorraran 500 millones de euros, sin que eso repercutiera sensiblemente en la disminución del paro, que sigue siendo el más alto del Estado, por encima del 20% de la población activa y más de 200 mil personas sin trabajo. Ya dijo Clavijo que él gobernaba para los empresarios y ofrecía como incentivo para captar capitales foráneos los bajos salarios de las y los trabajadores canarios, que se ven reflejados no solo en las pensiones de miseria, sino también en la brecha salarial entre hombres y mujeres.

NO QUEREMOS CARIDAD - Los pensionistas y trabajadores canarios no necesitamos caridad, sino gobiernos que de verdad defiendan los intereses de la mayoría social. Y esto no se consigue ni cambiando votos por medicamentos ni bajando impuestos, que es lo que ofrece nuestro paraíso fiscal y constituye la promesa estrella de personajes como el alcalde de Santa Cruz de Tenerife, y aspirante a seguir siéndolo, José Manuel Bermúdez, que sigue la estela de los partidos de ultraderecha favorables al recorte de derechos sociales, como Vox, PP y Ciudadanos. Dios los cría y ellos se juntan.

Asociación para la Defensa de las Pensiones Públicas de Canarias

 

Ayose CorujoAyoze Corujo Hernández

Más allá de los discursos encorsetados de los diferentes grupos políticos, elaborados de cara a sus parroquias, lo que se pudo observar en los días que duró el Debate de la Nacionalidad Canaria es que existen dos modelos de entender (o querer hacer) Canarias. Paradójico es el hecho de que, en un evento que dícese ser el debate de la “nacionalidad”, sólo en unas pocas ocasiones se formulasen las palabras “país” o “nación”, todas ellas venidas de la boca de Noemí Santana (Podemos) y Román Rodríguez (Nueva Canarias). Sólo este último consiguió que el Presidente Clavijo, en su turno de réplica, pronunciase tímidamente la palabra “país” para referirse al archipiélago.

Y es que en Canarias arrastramos un déficit de definición de lo que somos, ya sea por desavenencias entre la intelligentsia canaria, que históricamente ha necesitado del arbitraje de Madrid para llegar a puntos de acuerdos, o por la utilización instrumentalista de la realidad geográfica, por ende, ser territorios isleños y estar fragmentados, entre otras consideraciones. Esta última, a mi modo de ver, es lo que ha propiciado que los canarios estemos en continuo pleito, piques, riñas o como quieran llamarlo. La geografía, y la cartografía y los discursos que emanan de la misma, ha sido un artefacto poderoso para crear una realidad o identidad que se aleja del sentido de nación, puesto que hemos preferido enaltecer a la isla, al territorio insular, por encima del demos, del conjunto de la ciudadanía que configuramos Canarias. Expondré un símil que me parece oportuno.

En la Antigua Grecia había un conjunto de ciudades-Estados con soberanía propia. Si bien se pronunciaban a favor de una comunidad griega (Hellas), mayormente en conflictos bélicos, de ningún modo se entendía como una nación conjunta, sino que formaban una agrupación cultural y étnica. Para que se pueda configurar una nación al modo occidental, y así lo explica Anthony D. Smith en su obra “Identidad nacional”, se necesitan que converjan una serie de factores: unas instituciones comunes; la existencia de un solo código de derechos y deberes para todos los miembros de la comunidad; un espacio social definido; y un territorio bien delimitado y demarcado, donde se puedan identificar sus miembros y al que sientan que pertenecen. Así, Canarias, bien podría cumplir los aspectos de nación considerados anteriormente, si no fuera por el hecho de que el pueblo y el territorio no son congruentes, es decir, el “homeland” (la patria, la cuna) no se funde mutuamente con el pueblo. Si en la Antigua Grecia un espartano no tenía derechos en Atenas; en Canarias, un canarión será siempre un canarión aunque haya vivido la mayor parte de su vida en Lanzarote. Como señala Juan Hernández Bravo de Laguna, Catedrático en Ciencias Políticas en la Universidad de La Laguna, en Canarias carecemos de “naturalización” de ser canarios en todas las islas.

Aunque soy escéptico en considerar que exista una identidad exclusiva insular, no puedo negar que tanto las políticas como los discursos hacen que la insularidad cobre fuerza en detrimento de lo común. Un ejemplo, más allá de las retóricas insularistas de los partidos políticos, es la gestión del patrimonio cultural, etnográfico y arqueológico, en definitiva, de la historia de Canarias. La competencia en estas áreas está en manos de los Cabildos Insulares, lo que provoca que haya una disparidad en la conservación y divulgación de la misma. Se puede observar de manera explícita en la comparación entre el Risco Caído de Gran Canaria, que aspira a ser Patrimonio de la Humanidad, y el yacimiento de Zonzamas en Lanzarote, enterrado durante años sin saber muy bien qué hacer con él. Además, siguiendo la tesis del Dr. en Prehistoria José Farrujia de la Rosa, lo que ha devenido de la descentralización del patrimonio histórico es el hecho de que se ha intentado interpretar los hallazgos etnográficos de manera distinta en cada isla, construyendo realidades diversas las unas de las otras, como por ejemplo, el cuestionamiento de la homogeneidad del pueblo aborigen. La consecuencia directa que tiene descentralizar hacia los Cabildos Insulares cuestiones de tan alto calado para la construcción nacional (como la organización del territorio o la conservación de los Parques Naturales) es que inconscientemente (o conscientes de ello) se está generando “una comunidad esencial” alrededor de la isla, dejando a la Comunidad Autónoma como organismo que poco o nada influye en la vida de las personas. Una comunidad que aspire a ser una nación necesita poseer un cierto número de valores y tradiciones comunes entre la población, y un alto grado de centralización hacia una institución común. En nuestro caso, bien podría ser el Gobierno de Canarias quien abanderase la tarea de ser la institución “esencial” de todas las canarias y canarios.

Es incuestionable que los canarios sentimos nuestra tierra, poseemos un apego inverosímil a nuestras islas, puesto que, como bien dice Godfrey Baldacchino, las islas “son plataformas para el surgimiento de la identidad nacional y para la afirmación de la especificidad cultural”, lo que hace que elaboremos un estado mental muy conectado al territorio. No obstante, la dificultad radica en hacer valer ese espíritu isleño (en el sentido de Nicolás Estévanez), con una comunidad nacional que se superponga al interés insular. Cuando valoremos que lo verdaderamente importante son las personas que conformamos esta tierra, el demos por encima del lugar, podremos hablar de nación, país, nacionalidad o Comunidad Autónoma. Mientras tanto, sólo seremos un conjunto de ciudadanos fragmentados en siete islas que no saben muy bien qué son, quiénes fueron y qué aspiran ser. @ayoze_uam

Ayoze Corujo Hernández

Bernardino RuizBernardino Ruiz Velázquez Y Teresa  Gómez Gutiérrez

 

El Sr. Clavijo y su gobierno, han incumplido varias promesas, obligaciones y compromisos con la Educación Pública Canaria en esta legislatura.

Incumplen una promesa electoral

En 2015, cuando se presentaron a las elecciones, el programa electoral de su partido prometía "incrementar el presupuesto de inversión en educación hasta alcanzar la media europea”. Ese año la media europea ya estaba en el 4,9 % del PIB. Estamos acabando la legislatura y dicha promesa no solo se ha incumplido sino que, además, las inversiones realizadas en toda la legislatura han sido tan escasas -las peores de toda la historia autonómica en relación al PIB-, que nos hemos alejado del objetivo. Se puede comprobar en esta gráfica, elaborada a partir de los datos oficiales publicados en los presupuestos.

 Incumplen una obligación legal

La Ley Canaria de Educación, aprobada en 2014 con amplio consenso y con el apoyo de su partido, obligaba a incrementar el presupuesto de Educación progresivamente desde el 3,8% del PIB de aquel año hasta el 5% en 2022. En la actualidad, que para cumplir con la progresión prevista deberíamos estar por encima del 4%, apenas superamos el 3,6% del PIB, lo que confirma el incumplimiento reiterado durante estos años. Ello, según nuestros cálculos, ha supuesto una pérdida superior a los 1.500 millones de euros en la inversión educativa prevista desde el 2014 para cumplir la senda progresiva que marca la Ley. En la gráfica que adjuntamos queda expresado con claridad. Además, tampoco han cumplido con otras obligaciones de la Ley, como la publicación de varios de sus desarrollos, entre ellos, el mapa y plan de escolarización de la Educación infantil de 0 a 3 años (Disposición adicional decimonovena) que la Ley contemplaba para el 2016 y que aún no conoce la luz.   

Incumplen un compromiso presupuestario

Para derivar hacia el Estado la culpabilidad de la deficiente financiación de nuestros servicios públicos y ocultar el incumplimiento de la Ley Canaria de Educación, el Sr. Clavijo y sus medios afines, han construido en los últimos meses la engañosa noticia de que el Gobierno Central no les autorizaba gastar el superávit presupuestario, a sabiendas -con la normativa en vigor en la mano-, que nadie les podía prohibir algo que corresponde a Canarias decidir. Esto lo demuestra una simple lectura de la Ley de Presupuestos Canarios para el 2019 publicada en diciembre pasado, donde en su Disposición Adicional Sexagésimo primera “autoriza la utilización del superávit en la cuantía que permita cumplir el equilibrio estructural”.

Además, esta Disposición Adicional dice, en su párrafo segundo, que “el aumento del gasto educativo se producirá en cuantía que permita cumplir el objetivo del 4% del gasto público sobre el PIB nominal”. Este mandato de la ley exigiría incrementar el actual presupuesto de educación en 174 millones de euros para llegar al 4% del PIB, pero se oculta este dato y se vende como gran conquista el incremento de 63,7 millones de euros del gasto educativo. Una perfecta operación de propaganda electoral y manipulación de la opinión pública que utiliza de forma interesada una justa y ansiada mejora laboral del profesorado de Secundaria. Los 110,3 millones de euros que faltan para llegar al 4% del PIB para educación en el 2019, representan el incumplimiento del compromiso presupuestario recogido en la Adicional y de la Proposición No de Ley aprobada al respecto, de forma unánime, por el Parlamento Canario.

Para terminar. Sr. Clavijo, hemos leído la noticia de que usted y otros miembros de su candidatura han firmado diversos compromisos en el denominado “Contrato con Canarias”. En dicho texto, la única referencia que hace de la educación es que “reclamará al Gobierno de España más recursos”.

¿Esto es todo lo que ustedes ofrecen para abordar los retos de la educación en Canarias?

¿No les parece pobre y poco creíble plantear solo eso, cuando llevan cuatro años incumpliendo nuestra Ley Canaria de Educación?

¿Podemos confiar en ustedes después de todo lo descrito, de tanto reiterado incumplimiento con respecto a nuestra educación pública?

De la plataforma por el 5% para la Educación

Raul VegaRaúl Vega

 

En mi barrio había un niño que tenía un balón de reglamento, el del símbolo Nike de la Liga. Todos nos volvíamos locos por golpear aquel esférico que ya golpeaban en nuestros televisores Ronaldo, Raúl, Fernando Hierro, Figo o Rivaldo. El muchacho llegaba con su balón debajo del brazo y lo ponía en el centro. Comenzaba el macro partido en la calle. Si las cosas le iban bien a su equipo, el partido podía durar hasta la noche. Si su equipo perdía de tupa, cogía el balón y se iba. Se acabó el partido. Teníamos que sacar el balón de fútbol sala, pesado y difícil de golpear con triangulitos blancos y negros. Si él decía que una jugada era falta, lo era, si no se iba. Si un gol fantasma había entrado y él decía que no, no era gol. Él tenía el balón, él marcaba las reglas y los tiempos. Cuando el balón empezó a dejar de ser exclusivo, él perdió poder. Pero pronto apareció con el esférico del Mundial 98 que nosotros veíamos patear con enorme destreza a Zinedine Zidane.

¿Quién tiene el patrimonio de las víctimas? ¿Quién pone las reglas del juego, de lo que está permitido y lo que no? El dueño del balón. Todo esto viene a cuento del reciente homenaje del Gobierno de España a las víctimas del nazismo en Mauthausen. En dicho homenaje también estuvo la Generalitat de Cataluña, honrando a sus asesinados. Pero a la directora general de Memoria Demócratica de la Conselleria de Justicia de la Generalitat, Gemma Domènech, no le dio por otra cosa que recordar al anterior conseller del ramo, Raúl Romeva, actualmente en prisión preventiva. La ministra de Justicia, Dolores Delgado, abandonó en ese momento el acto. Un hecho que cuentan de una forma bien distinta El País y El Nacional.cat. Los columnistas de cabecera del españolismo, entre los que se encuentran varios progres, han criticado duramente la actitud de Domènech por ser inapropiada y fuera del ámbito del homenaje.

El nacionalismo español es el más excluyente de todos los que coexisten en el estado español. Asimila, ordena, ejecuta y tiene el poder en todas las esferas. Delgado se apresuró a indicar que Romeva estaba teniendo un juicio justo, faltaría más, pero no aceptó la crítica de la prisión preventiva. Con todos los errores y defectos del catalanismo en es

te proceso, eso es así. Imaginen la misma situación pero al revés por un momento. Pónganse en la situación de que un representante del Estado califica el ‘procés’ como un golpe de estado, algo que ya hacen en foros públicos, declaraciones o mítines sin pudor. Incluso asimilándolo con el terrorismo, lo antidemocrático y el adoctrinamiento desde pequeños, llegando por parte de los más ultras al boicot a los productos catalanes. Si en el momento de hablar en esos términos un represente del gobierno catalán se va, seguro que es criticado también. Ellos tienen el balón, dicen cuando hay falta o cuando entra un gol, y si no les gusta el resultado se llevan el esférico y se acaba el partido. El españolismo no discute, ordena. De izquierda a derecha. Realmente la reacción de Delgado la hubiera firmado un ministro de Vox, aunque lo increíble en ese caso sería que estuvieran en Mauthausen homenajeando a las víctimas de las minorías que ellos en su mayoría odian.

Creo que atina Comín cuando acusa a Delgado de intolerante. Seguramente en las filas del PSOE, que ha sido acusado por la derecha de connivencia con el populismo de izquierda, el separatismo catalán y los ‘batasunos’, aplaudirán su reacción porque en el fondo son un partido del régimen, y como tal abrazan el nacionalismo excluyente y falto de crítica que la opinión pública defiende y alienta. No se puede pretender que los catalanes decidan quedarse en España con el odio, el anticatalanismo y el ordeno y mando por bandera, nunca mejor dicho. Cuanto más excluyente es el nacionalismo español, más independentistas habrán. Delgado acaba de dar una lección de intolerancia. Algunos hablan que no era el marco para citar este problema político, pero no se me ocurre mejor marco. Allí, en Mauthausen hay enterradas víctimas políticas de la intolerancia y el odio, que fueron asesinadas de mil y una formas. En ese sentido, criticar un atropello, en este caso judicial, es lo mínimo que por dignidad podía hacer la Generalitat. Encima Cataluña tiene sobre de su cabeza una amenaza cierta y velada de nueva aplicación, con más dureza, del artículo 155 que cercene su actividad ejecutiva propia. Las tres derechas así lo han dejado claro, pero no descarten al 100% que el PSOE, por más que Miquel Iceta sea el nuevo presidente del Senado, se tire al monte con la medida.

Ellos tienen el balón y el patrimonio de las víctimas y del discurso. Lo vemos en Canarias. Memoria Histórica sí, pero en lo concerniente a la Guerra Civil y no a la Conquista y Colonización, «eso fue hace mucho tiempo». Mucho recuerdo a las 13 Rosas y menos a los fusilados de San Lorenzo. El nacionalismo español es un rodillo de derecha a izquierda. Su recrudecimiento lo que está consiguiendo es una subida de los nacionalismos periféricos y la preferencia de los discursos menos radicales salvo en la España interior, la que menos se juega en este sentido. A mí me gustaría ver a un representante del Gobierno canario homenajear a las víctimas canarias con un discurso propio y en el se hagan paralelismos al presente, si esos atropellos tienen lugar como es el caso catalán. Llegaron a Mauthausen con el balón, lo pusieron en el centro y se inició el partido. Cuando no les gustó una acción, cogieron el balón y se fueron. Finalmente intentaron darle la vuelta a la verdadera situación ocurrida.

Raúl Vega en Tamaimos 

 
 
 

¿Qué eres, Canarias?

Ayoze Corujo Hernández

Más allá de los discursos encorsetados de los diferentes grupos políticos, elaborados de cara a sus parroquias, lo que se pudo observar en los días que duró el Debate de la Nacionalidad Canaria es que existen dos modelos de entender (o querer hacer) Canarias. Paradójico es el hecho de que, en un evento que dícese ser el debate de la “nacionalidad”, sólo en unas pocas ocasiones se formulasen las palabras “país” o “nación”, todas ellas venidas de la boca de Noemí Santana (Podemos) y Román Rodríguez (Nueva Canarias). Sólo este último consiguió que el Presidente Clavijo, en su turno de réplica, pronunciase tímidamente la palabra “país” para referirse al archipiélago.

Y es que en Canarias arrastramos un déficit de definición de lo que somos, ya sea por desavenencias entre la intelligentsia canaria, que históricamente ha necesitado del arbitraje de Madrid para llegar a puntos de acuerdos, o por la utilización instrumentalista de la realidad geográfica, por ende, ser territorios isleños y estar fragmentados, entre otras consideraciones. Esta última, a mi modo de ver, es lo que ha propiciado que los canarios estemos en continuo pleito, piques, riñas o como quieran llamarlo. La geografía, y la cartografía y los discursos que emanan de la misma, ha sido un artefacto poderoso para crear una realidad o identidad que se aleja del sentido de nación, puesto que hemos preferido enaltecer a la isla, al territorio insular, por encima del demos, del conjunto de la ciudadanía que configuramos Canarias. Expondré un símil que me parece oportuno.

En la Antigua Grecia había un conjunto de ciudades-Estados con soberanía propia. Si bien se pronunciaban a favor de una comunidad griega (Hellas), mayormente en conflictos bélicos, de ningún modo se entendía como una nación conjunta, sino que formaban una agrupación cultural y étnica. Para que se pueda configurar una nación al modo occidental, y así lo explica Anthony D. Smith en su obra “Identidad nacional”, se necesitan que converjan una serie de factores: unas instituciones comunes; la existencia de un solo código de derechos y deberes para todos los miembros de la comunidad; un espacio social definido; y un territorio bien delimitado y demarcado, donde se puedan identificar sus miembros y al que sientan que pertenecen. Así, Canarias, bien podría cumplir los aspectos de nación considerados anteriormente, si no fuera por el hecho de que el pueblo y el territorio no son congruentes, es decir, el “homeland” (la patria, la cuna) no se funde mutuamente con el pueblo. Si en la Antigua Grecia un espartano no tenía derechos en Atenas; en Canarias, un canarión será siempre un canarión aunque haya vivido la mayor parte de su vida en Lanzarote. Como señala Juan Hernández Bravo de Laguna, Catedrático en Ciencias Políticas en la Universidad de La Laguna, en Canarias carecemos de “naturalización” de ser canarios en todas las islas.

Aunque soy escéptico en considerar que exista una identidad exclusiva insular, no puedo negar que tanto las políticas como los discursos hacen que la insularidad cobre fuerza en detrimento de lo común. Un ejemplo, más allá de las retóricas insularistas de los partidos políticos, es la gestión del patrimonio cultural, etnográfico y arqueológico, en definitiva, de la historia de Canarias. La competencia en estas áreas está en manos de los Cabildos Insulares, lo que provoca que haya una disparidad en la conservación y divulgación de la misma. Se puede observar de manera explícita en la comparación entre el Risco Caído de Gran Canaria, que aspira a ser Patrimonio de la Humanidad, y el yacimiento de Zonzamas en Lanzarote, enterrado durante años sin saber muy bien qué hacer con él. Además, siguiendo la tesis del Dr. en Prehistoria José Farrujia de la Rosa, lo que ha devenido de la descentralización del patrimonio histórico es el hecho de que se ha intentado interpretar los hallazgos etnográficos de manera distinta en cada isla, construyendo realidades diversas las unas de las otras, como por ejemplo, el cuestionamiento de la homogeneidad del pueblo aborigen. La consecuencia directa que tiene descentralizar hacia los Cabildos Insulares cuestiones de tan alto calado para la construcción nacional (como la organización del territorio o la conservación de los Parques Naturales) es que inconscientemente (o conscientes de ello) se está generando “una comunidad esencial” alrededor de la isla, dejando a la Comunidad Autónoma como organismo que poco o nada influye en la vida de las personas. Una comunidad que aspire a ser una nación necesita poseer un cierto número de valores y tradiciones comunes entre la población, y un alto grado de centralización hacia una institución común. En nuestro caso, bien podría ser el Gobierno de Canarias quien abanderase la tarea de ser la institución “esencial” de todas las canarias y canarios.

Es incuestionable que los canarios sentimos nuestra tierra, poseemos un apego inverosímil a nuestras islas, puesto que, como bien dice Godfrey Baldacchino, las islas “son plataformas para el surgimiento de la identidad nacional y para la afirmación de la especificidad cultural”, lo que hace que elaboremos un estado mental muy conectado al territorio. No obstante, la dificultad radica en hacer valer ese espíritu isleño (en el sentido de Nicolás Estévanez), con una comunidad nacional que se superponga al interés insular. Cuando valoremos que lo verdaderamente importante son las personas que conformamos esta tierra, el demos por encima del lugar, podremos hablar de nación, país, nacionalidad o Comunidad Autónoma. Mientras tanto, sólo seremos un conjunto de ciudadanos fragmentados en siete islas que no saben muy bien qué son, quiénes fueron y qué aspiran ser. @ayoze_uam

Ayoze Corujo Hernández

 

Wladimiro RodríguezWladimiro Rodriguez Brito

 

Cuesta entender que en el mundo de las ideas, de la siembra y cultivo de la inteligencia, de los semilleros de la razón, del sentido común, de modelos económicos culturales en que las propuestas sociales propongan vías, caminos que siembran alternativas, que nos enriquezcan, sin embargo se ha convertido en un complejo mundo cargado de tensión por lo que ocurre, tanto por aspectos ambientales (agua, suelo, bosque, clima, uso y derroche de recursos) como sociales (separación de la población y la naturaleza, la salud y el medioambiente, territorios sin población, población amontonada en pocos núcleos urbanos, etc.).

 

La campaña electoral, como encuentro de propuestas que propongan nuevas alternativas, que argumenten y defiendan las que tenemos que funcionan, o posibles mejoras que nos permitan hacer una sociedad socialmente más justa y ambientalmente más sostenible, sin embargo, lo que nos presenta es un barrial, lo que se nos ha presentado es todo lo contrario de lo que entendemos que es la política, como debate de ideas, programa de propuestas claras y entendibles, con argumentos, con razones? Lo que han presentado -si exceptuamos a Pablo Iglesias-, es todo lo contrario de lo que entendemos como debate de ideas, ya que hasta los números, que son los que son (paro, puestos de trabajo, escuelas, centros de salud, distribución de la riqueza, etc.), en dicho debate, cada uno restó, dividió y multiplicó tales datos según sus intereses políticos, sin el menor respeto a los que seguíamos a los supuestos líderes de este país. Las palabras más abundantes eran: "mentiroso", "fraudulento", "guarda la cartera que te roba", "¿los títulos académicos los compraste o los robaste?", "enchufaste sin saber pegar un sello"? ¿Máster verdadero o falso?, chapotear en el barro.

En otro estado de cosas, figuras estrella de la política, señor Garrido cambiando la chaqueta en plena campaña electoral?

En los debates se olvidaron del territorio, de recursos naturales, del agua, del suelo, de la naturaleza. Tampoco trataron los problemas relacionados con las energías alternativas, se olvidaron de lo que ocurre al otro lado de los Pirineos, en una palabra, me fue un debate familiar, de patio de vecinos, olvidándose de temas económicos, basándose en la política impositiva sobre cómo recaudar y ahorrar en el gasto, con propuestas tan curiosas como recaudar menos y mejorar las pensiones y la sanidad, es decir, un mundo de sueños, en el que mantenemos o mejoramos el gasto público, sin gravar los impuestos, etc.

Debate pobre en aspectos sociales y ambientales, temas complejos como el agua y la energía los ignoran. No dedicaron unas líneas, ya que a los problemas de Santander y Lanzarote le aplicamos la misma receta. Aquí y ahora lo hemos vivido estos días con los compromisos olvidados. Parece que el modelo económico político que ignora y margina lo pequeño, distrayendo la energía y la pasividad de los políticos en grandes asuntos (impuestos, corrupción). La política como algo de buenos y malos, de blanco y negro, de rojos y azules, olvidando las pequeñas cosas, los pueblos, las aldeas, la producción local, la gestión de los recursos, naturaleza, paisanos y paisaje. El medio ambiente, el cambio climático, es mucho más que declaraciones bonitas de la alta política, de recetas mágicas. De leyes que hacemos en Bruselas, Madrid o el Parlamento de Canarias, que codifican y burocratizan cómo construir un gallinero o cómo sacrificar un conejo o un cochino, o si bien un campesino puede colaborar con el vecino para vendimiar (el llamado troca-peón), sin tener que esconderse de los inspectores de trabajo; qué decir de un jubilado o un parado para vender un saco de papas al vecino y que tenga que declararlo en Hacienda mirando si comete un fraude.

Los macrodebates empobrecen la política, ya que dominan las descalificaciones, devaluando la vida política, ya que los alegatos con los datos ponen en tela de juicio la información. Las referencias que manejamos con los números, ya que descalificamos los estudios que, según quien los leyera, las cifras, las estadísticas, los datos sobre empleo, rendimientos, ocupación, trabajo para parados de larga o corta duración, bailaban al antojo de los intervinientes. Pero lo que es peor, la economía iba bien o mal dependiendo básicamente de lo que haga la administración en Madrid. El factor trabajo, esfuerzo, compromiso social, mayor o menos burocracia, voluntad, aptitud de nuestra gente con el trabajo, con lo local, con la demanda de lo nuestro o mirar para fuera. Las cosas van mal porque el otro es un incompetente y no trabaja.

La política no puede ser algo separado, alejado del territorio y de su gente.

* Concejal de Barlovento

 

Manolo MarreroManuel Marrero 

 

Los resultados electorales del pasado 28 de abril evidencian que en todo el Estado y, de manera especial en Canarias, la población que ha acudido a votar con altos índices de participación ha optado por partidos que ofrecían programas electorales con políticas de progreso. Y así, en Canarias, los dos partidos que más apoyos han recibido son el PSOE y Unidas Podemos, conformando una mayoría de progreso que puede anticipar el necesario cambio de ciclo que se vaya a dar en las islas el próximo 26 de mayo.

Conservar los resultados anteriores de tres diputadas, como Vicky Rosell, Alberto Rodríguez y Meri Pita, a la par que contener el avance de la ultraderecha en las islas es todo un éxito de Unidas Podemos, apoyada por la ciudadanía de las islas. Y eso a pesar de la tendencia al voto útil al caballo ganador del PSOE, pronosticado por todas las encuestas.

Las derechas divididas se repartieron en Canarias los restos del naufragio del PP. Y así se beneficiaron los de Rivera, los de Abascal, y también los de Clavijo y Oramas. Estos últimos, que estaban muy nerviosos y con la maquinaria al límite en toda la campaña, obtuvieron el premio de dos diputadas, -eso sí, sólo en la provincia de Santa Cruz de Tenerife-, aunque pincharon en los candidatos al Senado de todas las islas, quedando fuera de la cámara de representación territorial.

Por tanto, el argumento de que son “la voz de Canarias” y el intento de patrimonializar al conjunto de la población y el territorio de las islas, es una vana pretensión. CC es la quinta fuerza del Archipiélago en apoyos electorales. Ahí los ha colocado el electorado.

A este respecto, resalto la queja amarga en una tertulia radiofónica en la que yo participaba, emitida por la representante de NC el pasado lunes, afeándole a CC el incumplimiento del acuerdo previo de repartirse el territorio, renunciando NC a presentarse en la provincia occidental a cambio de que CC hiciera lo mismo en las islas orientales para no “arañarse votos entre sí”. Compromiso que CC no cumplió en Las Palmas y trajo consigo que el diputado del 75%, el señor Quevedo, perdiera su escaño.

El paisaje después de la batalla electoral trae una situación muy cómoda para un PSOE ambidextro, que puede elegir entre tres opciones posibles: la primera, formar una mayoría de progreso con un Gobierno con Unidas Podemos, como así le pedían los militantes socialistas en la noche electoral en Ferraz y los líderes sindicales en todas las manifestaciones del primero de mayo.

La segunda, y nada descartable opción, vistos los cambios de “veleta desnortada” de los de Rivera en anteriores ocasiones, es conformar un Gobierno con una parte de la poco moderada derecha de este país, representada por C’s. Y la tercera opción, que es la única de la que el partido socialista quiere hablar antes de las elecciones autonómicas, municipales y europeas del próximo 26 de mayo, es la de un Gobierno en solitario, un Gobierno ambidextro que tendría las manos libres para pactar algunas políticas sociales con Unidas Podemos, y todas las políticas económicas con las derechas.

Los diputados y diputadas electos, y el conjunto de la población que los votó, hemos asistido, con asombro, desde el pasado lunes a las declaraciones de los que no se presentan a las elecciones, pero que son los que gobiernan en este país, la representación de la patronal CEOE, el Banco Santander, el conjunto de empresas del IBEX 35, los poderes económicos de la UE y hasta la diputada Oramas, todos ellos han salido en tromba diciéndole a Pedro Sanchez que con Unidas Podemos nada de nada, que su opción preferida es un Gobierno con la derecha de C’s.

Y, en el peor de los casos, estarían dispuestos a admitir un Gobierno en solitario del PSOE, que ya ellos le aseguran que sus representantes afectos lo sustentarían y no lo pondrían en aprietos.

Es evidente que las pocas medidas de progreso adoptadas por el PSOE en los diez últimos meses en que Pedro Sánchez gobernó gracias a la moción de censura que desalojó al corrupto PP, fueron por el acuerdo con Unidas Podemos y la consecuencia de las movilizaciones de las mujeres y de los pensionistas.

Todos hemos contribuido a hacer mirar hacia la izquierda al PSOE, que ahora se encuentra en la cómoda situación de poder aparentar políticas sociales, creyendo que así va a contentar a Unidas Podemos y al electorado que lo aupó a la mayoría, y a su vez no enfrentarse a los poderes que gobiernan en este país sin presentarse a las elecciones.

El electorado le exige al PSOE que abandone esa calculada ambigüedad antes del próximo día 26 de mayo y nos diga qué bando elige, las políticas de progreso, sociales y económicas, el impulso al Estado del Bienestar, el freno a las privatizaciones de lo público, la derogación de las reformas laborales, asegurar el futuro digno de las pensiones, el que paguen más los que más tienen, o, por el contrario, si se va a colocar al servicio de los intocables poderes económicos.

La ciudadanía canaria tiene derecho a saber cuanto antes, con claridad, las intenciones del PSOE, porque el próximo 26 de mayo tenemos la posibilidad de un cambio de ciclo en las islas, y Sí Podemos Canarias es la única garantía de que se apliquen políticas de progreso y no haya deudas contraídas con los poderes económicos

Manuel Marrero Morales

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