Asuncion FfiasAsun Frías

Veo al alcalde de Santa Cruz de Tenerife, José Manuel Bermúdez, cargando sobre sus hombros unos paquetes en un tele maratón organizado por una televisión local. Observo su sonrisa de orgullo solidario y me viene a la cabeza una sucesión de rostros menos sonrientes: personas que pidieron cita en noviembre y no podrán ser atendidas hasta marzo en las Unidades de Trabajo Social, vigilantes de las sedes municipales que llevan tres meses sin cobrar su sueldo, personal de contratas y subcontratas cuyos derechos se conculcan un día sí y otro también…

Me pregunto cómo se sentirán si están viendo el mismo programa televisivo: ¿estarán esperando algunas migajas de lo recogido? ¿Observarán desconcertadas por no poder encajar tanto paripé? ¿Sentirán rabia que transformarán en energía para luchar por sus derechos?

Sigo mirando y veo mucha generosidad por parte de nuestro pueblo, muchísima gente que no quiere que nadie pase necesidad y dona lo que puede, a veces, incluso, lo que no le sobra. Me pregunto qué pensarán tantas personas solidarias ante el protagonismo que tienen ciertos representantes políticos en el telemaratón: ¿creerán que les mueve su solidaridad? ¿Considerarán que están ahí porque es su obligación? ¿Pensarán que lo que persiguen es rédito electoral?¿Se preguntarán cuánto dinero público conlleva organizar un tinglado de semejantes características?

Miro la pantalla y veo múltiples caras de lo que llaman solidaridad, lo sea o no lo sea: el neoconservador que busca lavar su conciencia ahora que llega la Navidad, la postmoderna que está flipando por vivir la experiencia de una jornada tan espectacular, el neoliberal explotador que cuenta con que el telemaratón sea rentable para su negocio gracias a la publicidad y a las desgravaciones fiscales, la líder vecinal que, honestamente, confía mucho más en la autoorganización de la sociedad civil que en las instituciones públicas…

Y en medio de todo veo a los representantes del régimen intentando tapar con un dedo los enormes agujeros de vulnerabilidad, pobreza y exclusión social que son consecuencia de sus injustas políticas. Y entre ellos, Bermúdez, ufano, en su salsa. No estoy por perder el tiempo con postureos, así que apago la pantalla.

Quiero tener un alcalde que conciba la solidaridad como redistribución de la riqueza, que exija que paguen más impuestos quienes más tienen y menos quienes menos tienen, que promueva un cambio de modelo productivo y, con ello, nuevos empleos, que pelee por conseguir un sistema de garantía de rentas para que todo el mundo pueda tener unos ingresos básicos, que evite la privatización y la precarización de los servicios públicos, y que fomente el desarrollo comunitario en todos los barrios, potenciando las redes de cooperación vecinal.

En definitiva, quiero un alcalde que cargue sobre sus hombros la responsabilidad de garantizar el derecho a vivir con dignidad de toda la ciudadanía santacrucera y no uno que carga sacos de caridad televisada en el gran paripé de la solidaridad.

*Concejala de Sí Se Puede