15.4.2019

imagen image2WLADIMIRO RODRÍGUEZ BRITO

 

Nuestros pueblos han tenido y tienen unos vínculos históricos y de sangre que hacen que lo que ocurre al otro lado del Atlántico nos impacte. La actual coyuntura social nos preocupa, esperando sea lo más corta, dado el sufrimiento que tiene dicho pueblo, en temas tan básicos como los estómagos vacíos, aunque con el estómago lleno no se sabe mirar para el pueblo. Como dice el expresidente de Uruguay José Mujica, "con el estómago vacío no se hacen revoluciones".

Las relaciones entre los alimentos y los venezolanos ponen de manifiesto que las cosas se han hecho mal en un largo periodo histórico. Al depender del petróleo para alimentar a dicho pueblo, se ha ido sembrando una cultura del derroche y despilfarro dentro de una clase media separada del trabajo y el esfuerzo que sí vivieron y sufrieron muchos isleños, comprometidos con el país bolivariano, haciendo surcos y produciendo alimentos, sembrando señas de identidad en el paisaje agrario y paisanaje con un rico paisaje rural, pero también en la alimentación de los venezolanos. Los frijoles los conocimos en Cuba, en Venezuela son "caraotas"; en ambos pueblos son alimento básico, las llamadas proteínas de los pobres? valga como referencia del fracaso de la llamada Revolución Bolivariana el precio de las caraotas.

Los precios de los alimentos y los salarios como referencia. Un trabajador gana al mes menos de diez kilos de frijoles. Con 18.000 bolívares les da para dos kilos de queso o 60 huevos, con 1.600 bolívares una arepa, 9.000 bolívares un kilo de carne molida, etc. Tres mil bolívares equivalen a un euro, una economía dolarizada dada la hiperinflación de un país que solo sembró petróleo, creando una económica fuertemente dependiente. El campo venezolano es fértil, de una hectárea de frijoles se obtienen más de mil kilos de frijoles, el país reúne condiciones para alimentar a más de cien millones de personas hoy con carencias básicas. Hemos pasado del petróleo a 1oo dólares el barril de los "indios tabaratos" y una clase media visitando los centro de cirugía estética en Madrid y Miami, a ver los hospitales sin material básico y los niños desnutridos. La Revolución Bolivariana únicamente les dio un tirón de orejas a los de siempre, que eran los mayores consumidores de whisky del mundo, comprando mansiones en Miami o en Madrid. Mientras la Revolución Bolivariana hace declaraciones para la galería, maltrata a los agricultores en nombre de un supuesto socialismo, interviene fincas que producen alimentos, crea inseguridad en las empresas y en empresas agrarias que han apostado por mantener la producción. Además, fija precios agrarios con costes superiores a los que pagan a los agricultores. Por otra parte, la inseguridad, el secuestro y el robo hacen aún más grande la problemática en la actividad agraria. Como ejemplo esta la intervención de Agroisleña y otras empresas básicas en inputs en el campo (dedicadas al almacenaje, el asesoramiento o la distribución), cuyo papel ha sido ahora sustituido por la burocracia de la administración o por el llamado "bachaqueo" (mercado negro de Venezuela), sembrando escasez y miseria.

De los petrodólares a las petromiserias. La llamada Revolución Bolivariana se encontró con petróleo a 100 dólares el barril, un manantial que manaba cuatro millones y medio de barriles diarios, es decir, quinientos millones de dólares, creando un mundo de farándulas, regalos, petrocaribe y fiestas para los de siempre. A los campesinos los olvidan y maltratan, muchos eran isleños, que habían creído en aquel país, invirtiendo y mejorando explotaciones que ahora, en nombre de la supuesta revolución y el malandraje, marginan y aburren, aunque sean los únicos productores de comida. Y todo esto en una coyuntura en la que se carece de dólares para importar, haciendo que la comida sea un bien escaso, en uno de los pueblos más ricos en suelo y agua de América latina.

 

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