J. Manuel Garcia RamosJuan Manuel García Ramos

Como nacionalistas canarios tenemos la obligación de ganarnos día a día la confianza de nuestro pueblo y de explicar con seriedad nuestra manera de entender y de ejercer la política en unos momentos en los que los nacionalismos están sufriendo los mayores ataques de desprestigio por parte de un sector muy considerable de la prensa centralista española.

La Comunidad Autónoma de Canarias está vinculada a una estructura estatal por medio del Estatuto de Autonomía, y a una estructura supraestatal, la Unión Europea, a través del artículo 249 del Tratado de Funcionamiento de esa Unión, y no ha de cejar, desde la perspectiva nacionalista, en mejorar su posición dentro de esos marcos jurídico-políticos.

Canarias es un territorio apetecido por vecinos que no hace falta señalar con el dedo y cualquier paso hacia un proceso de descolonización o de desconexión -que nunca hay que descartar, aunque no son estos los tiempos de esos derroteros- habría de tener muy en cuenta esas apetencias cercanas, como en otras etapas históricas sucedió con aspiraciones semejantes de Inglaterra y Estados Unidos. El nacionalismo de Secundino Delgado giró considerablemente hacia el autonomismo ante movimientos estadounidenses que pretendían una anexión de Canarias parecida a la empleada con Cuba en 1898.

Los nacionalistas canarios hemos de dar pasos muy medidos, sin abandonar nunca el robustecimiento de nuestros ejes de autogobierno y de autolegislación, para convertirnos en un pueblo adulto y en un sujeto político menos dependiente.

El estremecimiento de las cuadernas del Estado español que está significando el asunto catalán ha puesto en guardia a otros territorios de ese estado. Euskadi y su lehendakari han mantenido posturas muy distintas ante el procés de sus vecinos del norte: desde poner en cuestión la seriedad de su referéndum, hasta solidarizarse sin condiciones con los rumbos del Govern o aconsejar elecciones inminentes. Todos los días cambian los análisis y los compromisos.

Desde Canarias observamos lo que sucede en Cataluña con una doble preocupación. Pero principalmente porque puede constituir un primer paso para una reordenación en profundidad de la organización territorial del Estado ante la que no podemos quedarnos al margen.

Algunas fuerzas políticas canarias partidarias del independentismo han lanzado mensajes donde parecen mimetizarse con el proceso catalán, en un totum revolutum donde esperan pescar algo. Si se quiebra el Estado, ha llegado la hora, se dicen para sus adentros. Y, en paralelo, exigen de otras organizaciones nacionalistas canarias posturas análogas.

Confieso que es difícil pronunciarse, el discurso catalán nos ha arrastrado a un seguimiento permanente de lo que sucede hora a hora en esa nación. Todos los días surgen noticias de pasos adelante y atrás de las aspiraciones secesionistas, con un alto número de ciudadanía ocupando las calles y homologando las posiciones del gobierno de Puigdemont.

La respuesta a ese reto de las llamadas fuerzas constitucionalistas, con la aplicación del artículo 155 de la Constitución en la comunidad catalana, ha producido aún más perplejidad en muchas fuerzas nacionalistas subestatales, incluidas las canarias, por supuesto.

Pero no hemos de olvidar que por regla general los nacionalistas catalanes, vascos y gallegos no se acuerdan de los nacionalistas canarios cuando se plantean, en ese club selecto, una reorganización territorial del Estado hacia formatos más transautonómicos. Algunos opinan que no se acuerdan de nosotros porque las actuales fuerzas nacionalistas con poder político, llámense CC-PNC o NC, no han logrado ser respetadas como tales fuerzas nacionalistas. Acaso sin dejar de llevar cierta razón debido a la debilidad de nuestros destellos ideológicos fuera de nuestras islas.

Lo que sí queda claro es que, como acaba de afirmar Nicolás Sartorius en El País (24/10/17), "Naciones Unidas ha concretado su doctrina sobre este tema señalando que debe respetarse la libre determinación [de los pueblos] solo en los casos de dominio colonial o en supuestos de opresión, persecución o discriminación, pero en ningún caso para quebrantar la unidad nacional de países democráticos". Lo dice un viejo y solvente comunista, nada sospechoso de reaccionarismo.

Vistas así las cosas, resulta que, de los diecisiete territorios del Estado español, Canarias sería el único que contaría con el respaldo de Naciones Unidas y de la comunidad internacional por su pasado colonial. Hace unos meses le dije esto a Andoni Ortuzar, el presidente del PNV, durante un debate en Tenerife al respecto. Ortuzar no tuvo más remedio que reconocer la excepcionalidad del caso canario en esta carrera desenfrenada de los nacionalismos periféricos españoles por obtener agarraderas internacionales para sus aspiraciones mediatas e inmediatas.

No hay prisa, pero es bueno saber que por mucho que nos discriminen nacionalistas catalanes, vascos y gallegos, los únicos nacionalistas con futuro y cobertura internacional somos los canarios. Todo a su tiempo.

 

Fernando SabateFernando Sabaté

Situándonos en el asunto que impone la actualidad, existe un adagio catalán muy popular que reza: " Roda el món i torna al Born". Viene a decir, más o menos, que el mundo gira, pero al final se tiende a regresar al punto de donde se partió.
El presidente del Cabildo de Tenerife publicó el pasado domingo 15 de octubre en un periódico tinerfeño un artículo de opinión titulado: Desde Tenerife, defendiendo el Estado autonómico y la Constitución. Con tal discurso, Carlos Alonso regresa, en efecto, a sus orígenes políticos: la pertenencia al Partido Popular, el de la etapa de la presidencia de Aznar, nada menos.
Por aquellos años lo ficharon como alto cargo de la Consejería de Agricultura del Gobierno de Canarias, en una de los periodos en que Coalición Canaria compartió poder con el PP. Carlos Alonso jamás ha estado fuera del gobierno en las instituciones, ni ha ejercido la oposición política: un dedo lo situó en su momento en el Gobierno autonómico y otro lo colocó más tarde en el del Cabildo.

Carlos Alonso jamás ha estado fuera del gobierno en las instituciones, ni ha ejercido la oposición política: un dedo lo situó en su momento en el Gobierno autonómico y otro lo colocó más tarde en el del Cabildo

Leo con preocupación en el citado artículo cómo contemporiza (pues, quien calla, otorga) con el abuso policial del pasado 1 de octubre. Y cómo se mimetiza con la versión oficial dictada por el Gobierno de Rajoy y jaleada por toda la caverna mediática.
Pero lo más terrible para mí es el final de uno de los párrafos: "El presidente Carles Puigdemont y su partido están secuestrados por quienes pretenden convertir a Cataluña en una república independiente manejada por la izquierda más radical. Esto es lo que hay, y ninguna otra cosa". Repito la frase anterior: "Esto es lo que hay, y ninguna otra cosa". Es la simplificación más burda de quien se espera templanza y rigor analíticos, pero que renuncia a cualquier análisis de la complejidad histórica de esta cuestión, alineándose con las posiciones reaccionarias.
Ni siquiera la larga distancia que separa a nuestra tierra de Cataluña, le aportan sensatez o moderación alguna. Cuidado: formas de razonar como esa son las mismas que condujeron a toda la derecha española y canaria, en 1936, a apoyar y justificar el golpe de Estado de los generales dirigidos por Franco, y todo lo que vino después. Resulta tan grave como lamentable.
Uno se pregunta: ¿será que las encuestas, tras tanto monolitismo opinativo, marcan un reforzamiento electoral del PP y hay quien se dispone a pescar en río revuelto? (olvidando que casi siempre se elige el original frente a la copia). O tal vez es más simple, y como dicen por allá arriba, " roda el món i torna al Born".
*Consejero y portavoz del Grupo Insular de Podemos en el Cabildo de Tenerife.

Wladimiro Rodriguez 2Wladimiro Rodríguez Brito

En la segunda semana de octubre la naturaleza nos ha dado un tirón de orejas. Las máquinas y los bomberos no pueden con el fuego. Portugal, Galicia, California, son ejemplos de libro. No todo es cambio climático y pirómanos, temas importantes, pero el hombre, su cultura, la gestión de la naturaleza, la máquina como máxima expresión en California, con equipos aéreos y terrestres, desde los medios propios de un país cargado de recursos, con aporte incluso de Australia y Canadá, desalojando más de cien mil personas, miles de casas quemadas, víctimas humanas.

California, Galicia y Portugal han puesto de manifiesto que las máquinas no son suficientes, y, lo que es peor, han creado una dependencia que hipoteca la seguridad de una población. Se confía y se hace dependiente de la supuesta garantía que ante el fuego dan dichos aparatos a los que confiamos nuestra integridad física poniendo mayores recursos económicos en la extinción, y muy pocos en la prevención (también llamada extinción de invierno), ignorando la sabiduría de antaño, es decir, la limpieza en la estación húmeda de lo que ahora llaman combustible, antes pasto para el ganado, hojas secas para camas de los animales, leña para el fuego, etc.

Los ejemplos del monasterio orensano de Osera, con más de seiscientos años, desalojado estos días, ya que los medios mecánicos y aéreos no pudieron garantizar la seguridad de los monjes, pone de manifiesto los puntos débiles de los sistemas actuales, ya que hasta ahora los pastores y campesinos tenían limpios los entornos de dicho monasterio. Qué decir de un parador de turismo en Tejeda, quemado ante la falta de limpieza de la maleza de su entorno.

Fuego y cultura.- La sociedad urbana ignora la relación del hombre con el entorno, no solo confiando en las máquinas, sino ignorando que los usos que se hacen del medio rural tienen un importante papel de armonía: pastos, cultivos, economía complementaria, agricultura y ganadería, vivienda y entorno.

Ahora existen residentes en el campo sin vínculos con la tierra, caso de California, o bien las pequeñas explotaciones familiares agroganaderas de Portugal, Galicia o Canarias, que entran en crisis pasando al monocultivo del eucalipto, la madera y la crisis de los usos tradicionales.

Aquí, los cultivos tradicionales hacen que tengamos numerosos pueblos rodeados de zarzas, helechos, hinojos, tojo (espino), granidellos, etc.

En Galicia se llegaron a plantar, cual lechugas, más de dos mil eucaliptos por hectárea para la producción maderera. Y más preocupante es Portugal, donde casi todo el monte se ha privatizado, estando ahora en manos de la industria maderera. A esto hay que contraponer el bajo presupuesto que se está dedicando a la prevención, teniendo ya el caldo de cultivo para la situación que se está viviendo actualmente.

Aquí y ahora necesitamos otra política (agroambiental) que potencie los cultivos y los usos ganaderos, con penalización para los campos sin labrar, poniendo más recursos en la prevención, aportes económicos a las familias que labren los terrenos, cambios que mejoren el pastoreo y el medio ambiente, acuerdos con pastores que retiren pastos de los entornos forestales, cortafuegos, etc. Qué decir de obligaciones de limpieza del entorno a las viviendas, con entornos limpios de vegetación al final de la estación húmeda. En definitiva, poner más recursos en la prevención, un pacto con los agricultores y ganaderos en la gestión de la naturaleza, los campesinos como aliados ambientales, con aporte económico y menos burocracia papelera.

Entre Portugal, Galicia y California se han quemado más de quinientas mil hectáreas y han perdido la vidas más de cien personas, esperando por la lluvia para controlar los incendios. Es un ejemplo del fracaso de un sistema que ha confiado en las máquinas, olvidando la cultura del arado y los campesinos.

El fuego en las puertas de Vigo o cortando las autopistas de California son ejemplos de libro de lo que no se debe hacer. El monasterio de Orense nos da una lección de la eficiencia de la cultura de ayer ¿Cuándo éramos pobres?

 

87bb6854c6bda302b54e69c9205f5751Manuel Marrero Morales

 

Es una práctica habitual de las Administraciones Públicas multiplicar por tres o cuatro los costes de las obras públicas. Normalmente, las instituciones del Estado, autonómicas o locales, cuando licitan estas obras, acuerdan su presupuesto definitivo y sus plazos de ejecución. Sin embargo, estos plazos nunca se cumplen y mucho menos el presupuesto.

Las contrataciones suelen efectuarse en muchos casos con grandes compañías foráneas que luego subcontratan con pequeñas o medianas compañías canarias. En ningún caso suele haber en estos contratos un apartado donde las Administraciones exijan la inclusión de cláusulas sociales que garanticen las adecuadas condiciones laborales, económicas y de seguridad de las personas que trabajan en dichas obras.
Y por otro lado, nos encontramos a la ciudadanía, que sufre en sus carnes las prolongadas molestias de las obras por los incumplimientos de los plazos, y también en sus bolsillos, en los de todos, por la estafa que supone en la mayoría de los casos licitar una obra a un precio y luego incrementarlo.

El penúltimo ejemplo en Canarias de estas malas prácticas lo tenemos en la obra de la C-830 Los Sauces-Garafía (Cruz Castillo), ya que el Consejo Consultivo de Canarias, en un demoledor informe que remitió al Parlamento, advirtió que caduca el expediente de nulidad “por graves irregularidades” en la carretera del Norte, al pasar seis meses para su resolución. Este expediente se abrió contra la UTE subcontratada por la adjudicataria ACS, contra la dirección de obra y el organismo competente de su ejecución.

El Gobierno dejó pasar el tiempo para que se produjera este expediente de nulidad. El Consultivo además cuestiona “que este dictamen se solicitase a escasos días para que expirase el plazo de seis meses para resolver el proceso”, ya que este órgano suele tardar unos 30 días en emitir un informe.

En definitiva, estamos hablando de un auténtico escándalo porque la obra subió de 32,4 millones de euros a 54,3, y perdió 7,8 kilómetros, en los tramos II y III, que no se ejecutaron. Un importante pelotazo: el presupuesto aumentó un 67,42%, mientras la obra se redujo en un 32,2%.

Cuando se proyecta una obra y posteriormente desde los distintos municipios comienzan a plantearse modificaciones, como aceras, rotondas, nuevos trazados, muros, malas de contención, etc., que obligan a modificar el proyecto y, por tanto el presupuesto, evidencia un claro exponente de la manifiesta descoordinación entre las distintas Administraciones Públicas, que debieran realizar el proyecto de forma conjunta, pues con el dinero público hay que ser muy riguroso. Pero da la sensación de que en tiempos en el que hay poco que inaugurar, cada partido quiere apuntarse los tantos “en solitario” y no compartir foto con los demás porque le restan protagonismo. Así nos va.

En el caso de la carretera de Garafía, en la pasada comisión parlamentaria planteé varias exigencias al consejero de Obras Públicas y Transportes. La primera de ellas, la necesidad de depurar responsabilidades en el seno de su propia Consejería, con la UTE adjudicataria, la dirección de obra y el organismo competente para su ejecución. La segunda, la recuperación del dinero público no justificado en tiempo y forma. También le exigí que se penalizara por “graves irregularidades” tanto a la empresa principal como a la UTE subcontratada, para que no realicen ninguna contratación con ellas en el tiempo que la ley señale. El cuarto planteamiento que le expuse al consejero fue la necesidad de terminar la obra hasta el final del tramo III en los términos contemplados en el contrato. Por supuesto, también es urgente reabrir el expediente de oficio, tal y como indica el Consejo Consultivo, que se produzca un estricto cumplimiento de los plazos. Y por último, también le advertí al consejero que de no hacerse, el Grupo Parlamentario Podemos instaría a la Fiscalía para que actuara de oficio en este asunto, y así depurar responsabilidades y recuperar para el erario público el dinero presuntamente malversado.

jaimeJaime Bethencourt Rodríguez

 

No es casual que nuestra enseña tricolor con siete estrellas haya sido inspirada y fundada hace 53 años en el exilio por un movimiento político que propugnaba la libertad de Canarias. Es ese, precisamente, el mismo éxodo que a lo largo de siglos ha sido el destino obligado de los trabajadores canarios para, mediante la emigración impuesta o clandestina, buscar el sustento más allá de nuestras fronteras que nos ha hecho errar durante siglos por medio mundo.

A partir de esos precedentes, a los canarios se nos ha coartado la consolidación y el desarrollo de nuestra identidad como territorio africano abierto a un espacio sociocultural tricontinental que conforma nuestra actual singularidad. Hemos sufrido los efectos de un prepotente y exterminador nacional- españolismo que insiste en querer borrar cualquier atisbo de nuestra personalidad vernácula que, aunque lo silencien, tienen sus más nobles y remarcados referentes mucho antes de la cruenta y salvaje dominación española. Se nos ha impedido dotarnos de un propio autogobierno que encauce cabalmente nuestro bienestar. Nuestra economía continúa siendo sitiada por un sistema de dependencia y de expolio aborreciblemente colonial que promueve que una maraña de entidades empresariales y financieras foráneas aquí asentadas mantengan una extracción irrefrenable de capital hacia el exterior directamente proporcional a las enormes carencias que nuestro pueblo sufre. No podemos pasar aquí por alto, la complicidad de la miserable y egoísta burguesía canaria, sin la cual esta sucesión de desmanes no sería posible.

Como menoscabos añadidos para nuestra mayoría social, hay que sumar los perniciosos efectos colaterales que, lejos de desaparecer, se mantienen en forma de inferior inversión por habitante, injusta distribución de la riqueza, alto desempleo, miserables salarios, indeseables condiciones laborales y la pobreza que alcanza a cerca de la mitad de nuestros conciudadanos, circunstancias estas que nos segregan de la pretendida condición de españoles con la que eufemísticamente se nos apoda.

Por ello, es este 22 de octubre fundacional de nuestra enseña, en Intersindical Canaria también alzamos la voz para que, además de reivindicar la bandera blanca, azul y amarilla con siete estrellas como símbolo inequívoco de nuestra Nación Canaria, también exigir el derecho a decidir para dotarnos de auténticos mecanismos d eautogobierno y poder popular que nos permita un benefactor reparto de nuestros recursos y alcanzar un bienestar que tras siglos de discriminación nos equipare, al menos y como inicio, a los ciudadanos de los que dicen son nuestros “iguales” europeos. No existe Comunidad alguna en el actual estado español con mayores razones para ejercer su derecho a decidir y lograr su plena soberanía política y económica.

Esta apelación justiciera y libertaria no es nueva ni superficial: iniciada por nuestro antepasados durante un largo siglo de resistencia frente a los conquistadores y durante el que se forjó el inicio de la actual Nación Canaria, ha tenido su relevo en otros muchos compatriotas que en diferentes épocas y circunstancias, han sido duramente perseguidos e incluso asesinados por su ideario anticolonialista y emancipador. Secundino Delgado, Guillermo Ascanio, Javier Fernández Quesada, Antonio González y Antonio Cubillo, entre otros, ocupan un lugar destacado e indeleble en la historia de resistencia frente a la opresión nacional y laboral de nuestra nación.

Hoy, además, en ese marco deleznable de sinrazón y acoso contra las libertades cívicas y nacionales, levantamos también la voz para exigir la libertad de los presos políticos víctimas de la acción represiva del actual gobierno y de los aparatos represivos del Estado español, de los que la nacionalista canaria Aisha Hernández y los soberanistas catalanes, Jordi Cuixart y Jordi Sánchez, son los más recientes exponentes.

Del Secretariado Nacional de Intersindical Canaria

Francisco Javier Gonzalez 1990Francisco Javier González

 

Con los sucesos catalanes -de los que hay mucho que aprender- vuelvo a oír y leer la opinión entre los independentistas canarios de que no debemos hablar de AUTODETERMINACIÓN sino de DESCOLONIZACIÓN, como si fueran cuestiones contrapuestas y no complementarias. Quiero contribuir a clarificarlo, según mi criterio.
La “Declaración de los Derechos del Hombre y de los Ciudadanos”que aprobó en 1789 la Asamblea Nacional francesa afirmó en su Artículo 1º que “Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos.”Parecía una utopía de los revolucionarios franceses pero fue el fundamento de los actuales “Derechos del Hombre” que forman parte esencial del Derecho Internacional.
Los Derechos Humanos se distinguen de otros derechos subjetivos por ser universalmente válidos. No necesitan la aprobación de ninguna instancia política ni verse reflejados en ninguna Ley o Constitución porque, como recoge el Art. 1º de la Declaración Universal “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. De esos Derechos Humanos recogidos en esa Declaración, hay unos que responden a las exigencias de la ley natural, como el Derecho a la Vida o el de Libertad de Conciencia y es dentro de esos derechos de carácter fundamental donde las Naciones Unidas han colocado, en un lugar preeminente de los textos jurídicos al Derecho de Autodeterminación de los Pueblos confiriéndole el rango de Derecho Internacional Positivo que obliga a todos los Estados signatarios de la Declaración. De esa forma, en los dos Pactos de Derechos Humanos que la ONU ha redactado y los Estados suscrito, figura como Artículo Primero y único de la Parte I, que se reserva íntegramente para la Autodeterminación de los Pueblos.
La VI Asamblea General de la ONU, por la resolución 545 de 5 de febrero de 1952 obligó a la “inserción en el Pacto o los Pactos Internacionales relativos a los Derechos del Hombre de un artículo sobre el derecho de los pueblos a disponer por sí mismos” y así, los adoptados en la VII Asamblea el 16 de diciembre de 1966 se encabezan con la Parte I, Art. 1º que reza “Todos los pueblos tienen el derecho a disponer por sí mismos. En virtud de este derecho determinarán libremente su régimen político y asegurarán libremente su desarrollo económico, social y cultural”.
A partir de 1976 en que se logra la adhesión mayoritaria de los Estados constituyentes –entre ellos España- y de todos los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, esos pactos entran en vigor. A partir de entonces la Autodeterminación es un Derecho Humano Fundamental que tienen las comunidades humanas que posean las características sociológicas de pueblo y que, como tales, se mantienen integradas, ocupando tradicionalmente un territorio determinado y diferenciadas de las demás, condiciones que -con exceso y muchas más- cumple nuestra Nación Canaria.
Es evidente que no es la voluntad del estado español cumplir sus compromisos sobre la Autodeterminación de los Pueblos. Nunca lo ha sido. Lo estamos viendo en el caso de Catalunya sobre su Derecho a Decidir, la represión que ha desatado y las maquinaciones estatales españolas que lo impiden. No es, de todas formas, el caso de Canarias. El nuestro es un territorio colonial, situado en otro continente, conquistado y mantenido por la fuerza de las armas al que se le dota de una falsa autonomía para evitar su descolonización. Ya en su momento, España declaró a sus colonias africanas (Canarias, Ceuta, Melilla, Sahara Occidental, Guinea Ecuatorial) como “Provincias o Plazas de Ultramar” para no estar sujetas a la Resolución 1514 (XV Asamblea General de la ONU) del 14 de diciembre de 1960 de la “Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales”, que parte de reconocer “el apasionado deseo de libertad que abrigan todos los pueblos dependientes y el papel decisivo de dichos pueblos en el logro de su independencia,” y que “ los pueblos del mundo desean ardientemente el fin del colonialismo en todas sus manifestaciones” tras una serie de recomendaciones, termina exigiendo en su punto 7 y último que. “Todos los Estados deberán observar fiel y estrictamente las disposiciones de la Carta de las Naciones Unidas, de la Declaración Universal de Derechos Humanos y de la presente Declaración”.
Canarias adquiere unidad y entidad con el fenómeno de la colonización, cuando este pueblo, invadido y esclavizado, toma conciencia de ello, de que es diferente del invasor y se rebela. Pasamos de ser 7 islas cantonalizadas a ser una única nación, colonizada sí, pero nación. Así, la Rebelión de los Gomeros o la del Mencey Ichasaguas en Tenerife fueron los primeros episodios en la larga lucha de liberación que aún no hemos culminado y las añepas que simbolizaban esas luchas fueron nuestros primeros símbolos nacionales, como lo fueron luego las que crearon el PNC en el exilio cubano, con sus estrellas blancas izada en el Ateneo de Aguere, el MIC en el venezolano y sus estrellas rojas, la RIA en la clandestinidad patria o las tres tiras verticales, blancas, azul y amarillas que confeccionaron para Canarias Libre en 1961 Dª Mª del Carmen Sarmiento y sus hijos Arturo y Jesús Cantero que inundaron las fiestas del Pino en el Teror de 1961, pero para la definitiva bandera nacional canaria hay que esperar a la fundación por Antonio Cubillo del MPAIAC el 22 de Octubre de 1964 en el exilio argelino. Ese día, hace ahora 53 años, que todas las luchas anteriores y las que desde entonces se han desarrollado por la libertad, la descolonización y la independencia de esta Nación Canaria se han arropado bajo sus siete verdes estrellas. Esa bandera nuestra presidió la ceremonia que refrendó, el 20 de julio de 1968 en Argel la Declaración Solemne de la OUA que reza “Las Islas Canarias forman parte integrante del continente africano y sus habitantes tienen derecho a la autodeterminación y derecho a la independencia como todos los países colonizados de África”, declaración que por su carácter de “Solemne” carece de caducidad y sigue, por lo tanto, totalmente vigente. Unidas quedan aquí la Autodeterminación y la Independencia, justificadas y cimentadas en la realidad de nuestra situación colonial. En resumen, nuestra Descolonización.
Prohibida y perseguida por el colonialismo pasa a ser conocida por el pueblo canario a raíz de las emisiones de “La Voz de Canarias Libre” que la describen. Fue un maremágnum al principio. Se colocaban mal las estrellas, incluso con algunas como en la bandera venezolana. Fue la militancia popular la que extendió su conocimiento enarbolándola en manifestaciones y fiestas o colgándola de puentes de las autopistas que, para que la Guardia Civil española no las arrancara, se les adosaba un paquete de velas pintadas de canelo simulando cartuchos de dinamita. Fue la que acompañó a los entierros de los asesinados por la policía española como Bartolomé García Lorenzo y Javier Fernández Quesada y la que llevaron en su viaje a la eternidad de la memoria colectiva patriotas como Julio Bastarrica, José Manuel de Villena, Tomás Chávez, Hupalupa, Antonio Cubillo, Víctor León, Antonio Morongo, Juan Valiente, Belén María y tantos otros que ocuparán siempre un lugar en nuestro corazón y brillarán entre los verdes luceros de la esperanza de nuestro pueblo.
La nuestra es pues una bandera de libertad, de rebeldía, de insumisión, con el preciso significado de la Descolonización y la Independencia y, al mismo tiempo, es una bandera de esperanza en un futuro mejor para este pueblo canario que ha soportado siglos de vejaciones, saqueos y colonialismo, muy distinta a la que se nos quiere imponer desde el oficialismo, con los perros acollarados que usaron los conquistadores como animales de guerra contra nuestros antepasados guanches.
Estamos en tiempos difíciles, con nuestras organizaciones en un proceso de retroceso frente al españolismo ramplón del ¡a por ellos! Y el ¡yo zoy españó, españó...! con una ciudadanía desnortada y desmotivada, sumisa a una burguesía criolla decadente y unas formaciones pseudonacionalistas que tergiversan el sentido del independentismo tratando incluso de apropiarse de nuestra bandera sin asumir el verdadero significado de lucha anticolonial con el que nació. Las estrellas libertarias brillarán pese a todo porque tenemos razón y derecho.