Opiniones

José Farrujia

Las erupciones volcánicas que afectaron a las Islas Canarias durante la etapa indígena generaron una respuesta cultural por parte de los antiguos canarios, transmitida de generación en generación.

En el caso de Tenerife, las sucesivas erupciones llevaron a los guanches a atribuirles poderes destructivos y malignos a los volcanes: arrasaban las zonas de pasto y de su sustento.

Por ello, cuando el volcán se "apagaba", los guanches depositaban cerámicas, entre otras ofrendas, en los bordes de las coladas de lava, para evitar así, simbólicamente, su avance. En este sentido, el mayor número de depósitos con vasijas se ha hallado en zonas de importante actividad volcánica.

La ofrenda era una especie de amuleto con el que debilitar a los genios malignos que habitaban en el volcán.

Tal y como señaló Antonio Sedeño a finales del siglo XV, en su crónica de la conquista de Gran Canaria, "...conocían demonios que habitaban en la profundidad de la tierra y salían por las bocas de los volcanes".

Ante la erupción volcánica en La Palma resulta difícil no reflexionar sobre nuestra realidad, sobre lo que fuimos y somos en esta tierra isleña de lava, salitre y Alisios.

Mucha FUERZA para LA PALMA.

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