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La bocas llenas: mejor hechos y reflexión

Opiniones

Francisco Rodríguez Pulido.Profesor Titular de Psiquiatría ULL.

La pandemia sorprendió y vista su gestión mundial su duración es una incógnita. El volcán de cumbre vieja se detectó cuándo podría surgir pero no conocemos el cómo se apagará. Los presupuestos del estado ahora son expansivos pero a la vuelta de la esquina, en unos años, está previsto su recorte. Lo que hay que hacer hay que hacerlo ahora. Lo antes posible: Reforzar el estado de bienestar.  

 

Es reconocido que  inicialmente en la pandemia nadie estuvo a la altura, por su relativa sorpresa. En la erupción volcánica se estableció incluso antes de su comienzo todo un plan de prevención y un comité científico de seguimiento. Luego se improvisó en el confinamiento pero en la desescalada el gobierno ha echo un viaje más controlado. En la erupción se delimito la zona de exclusión y los pasos, eficazmente planificado, para la evaluación de las zonas de riesgo eruptivo como lo ha sido la vacunación, aunque hubiese momentos inciertos, pero ha sido reconocido mundialmente. Más de veinte siete mil muertos por el SARS- COVID- 2 y expediente judicial abierto y una muerte aún no esclarecida en la erupción.  

 

En ambas emergencias la salud mental de protagonista. Ante el clamor, se hacía difícil de esconder el sufrimiento social y la necesidad de sus cuidados. Muchos hongos oportunistas e interesados han ido apareciendo de repente como valedores en este tiempo sombrío. De repente, cuando la reforma psiquiátrica lleva un largo camino, emergen ahora preocupados por la locura e incluso se presentan como representantes de la sociedad civil.  

 

Apresuradamente la agenda política ha recogido el sentir como si las necesidades fuesen nuevas, eso sí para ellos, no para los profesionales, los pacientes y las familias. Estrategia Nacional de Salud Mental han sido aprobada por el Consejo Interterritorial de la Salud, después de exigir con una dotación de 100 millones de euros en tres años y un plan de acción, que no estaba previsto inicialmente y anunció el 10 de Octubre, al cual habrá que ofrecerle contenidos relevantes y transformadores, como ha defendido la Asociación Española de Neuropsiquiatría y Profesionales de la salud mental, en la editorial de su revista oficial (AEN vol 41, N0 139, 2021). Y, en algunas Comunidades Autónomas, después de una inversión raquítica durante décadas. Han venido a alardear que se ha duplicado el presupuesto, pero no dicen cuanto representa en relación al PIB o al presupuesto de la consejería respectiva, o sea, si llega al porcentaje del 5-10% del presupuesto sanitario público, recomendado internacionalmente, es evidente de que no. Y los servicios que promueven los derechos de la dependencia y la autonomía personal, sin avances visibles aun para la población.  

 

Para muchos, las iniciativas públicas son poco ambiciosas, más un gesto, no resolverán las necesidades reales y será una “adormidera” para las propuestas. Medidas sin saber el rumbo, y en algunos casos sin convocar a los órganos asesores. Ni tan siquiera un mismo partido llevan líneas de acción y gestiones similares en salud mental, a veces, bien diferenciadas como, la comunidad Valenciana, de la cual algunos tendrían que aprender algo, por su innovación. Comparemos los 210 millones para el bono joven con el dinero dedicado a la salud mental. ¡¡ Ya, algunos dirán, algo es algo!! La moral de los esclavos diría Nietchze. La ausencia de una reflexión técnica, abierta y participativa, sobre el impacto de la pandemia y el volcanismo en la salud mental son más que evidentes, por muchos “ghettos y montajes” de última hora. Viejos estilos.  

 

Es loable que se nos presente, en tiempo sombrío, la agenda 2030. Es un motor, un ideal colectivo a alcanzar, pero puede alejar la mirada de lo inmediato y lo urgente, a modo de escape de lo desagradable. Algunos miran el dedo, no la luna, Contamos con un sistema sanitario que ha sobrevivido la prueba de esfuerzo con nota, sobre todo, los profesionales. Menos mal que teníamos este sistema sanitario que ya venida debilitado por las políticas de austeridad. La historia es líquida y algunos recordamos que la mayoría de los grupos, por exigencia de las políticas de la Comunidad Europea, votaron a favor en el parlamento, la modificación de la ley de leyes para los límites presupuestarios. Es urgente volver a lanzar ideas, no improvisadas, de mejorar o reformar al sistema sanitario para reforzarlos. Algunas han ido apareciendo no vinculadas a intereses. Lo contrario a algunas ideas gremialistas y miméticas para la salud mental, nada integradoras, que fragmentan aún más un modelo asistencial que ha resultado efectivo, pero que cada vez camina hacia la separación de lo agudo de lo crónico, lo común de lo grave, y lo público y lo privado, lo presencial y lo telemático. No se quiere escuchar lo más cercano. Las autoridades ni se reúnen con las sociedades científicas, ni escuchan a nuestros médicos de atencion primaria. Estos siguen con la inestabilidad de sus puestos de trabajo, reclamando significativamente más inversión, al igual que mundo educativo - más tiempo para sus pacientes, mejor infraestructuras, más instrumentos disponibles para el diagnóstico, y menos burocracia. Fragmentar la demanda no es la solución para la salud mental en atencion primaria. Todas las enfermedades crónicas han sufrido el impacto del COVID como pacientes desaparecidos, y hay muchas personas que han quedado desconectadas, pero los profesionales han estado conectados telemáticamnte, pero esto ya debe ser cuidadosamente delimitado y garantizar actividad presencial, en el centro o en el domicilio. Los pacientes no tienen mucha voz, pero no están para ser receptores pasivos, nos tienen que decir, cuál es la mejor formas de organizarnos, para que los servicios sean mejores. 

 

A nadie le dice nada que las residencias han quedado como punto débil de esta pandemia, y nadie pone el entendiendo en lo que está pasando en la comunidad con las personas vulnerables. No es comprensible seguir separando los servicios sanitarios y sociales, para que, no todo el enfoque de las toma de decisiones se realizan sobre lo agudo. Como reconoce Rafael Bengoa -espero que lo escuchen no solo lo paseen por las islas, debemos reforzar mucho la atención primaria en combinación con salud pública y la enfermería comunitaria identificando los seguimientos de los brotes locales. Estas dos rutas del sistema hay que trabajarlas. Los agudos han pasado a ser el centro del sistema. El sistema también debe estar en clave de crónicos. Me sumo a la propuesta de un Ministerio de Sanidad como gestor del conocimiento que sirva de promotor de innovaciones sanitarias en las Comunidades Autónomas, y luego, estas se transfieran si fuesen exitosa a otras. Es una manera de ir generando conocimiento y medidas efectivas - asi lo hacemos los clínicos- para robustecer nuestro sistema sanitario público, Otra vía, que nos queda, que podrá seducir algunos, es la del café para todos, pero los ritmos locales y las necesidades no son iguales. Eso sí, menos mal, la equidad forma parte de la agenda Canaria del 2030. Veremos.  

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