Opiniones

Wladimiro Rodríguez Brito

Espero que pronto podamos celebrar que nuestras montañas dejen de ser una fuente de fuego y destrucción en La Palma y volvamos a tener una referencia geográfica de naturaleza y de una buena relación con los humanos para que nuestro pueblo recupere la salud, la ilusión y, sobre todo, el compromiso en sembrar alternativas, ilusiones y sueños en la reconstrucción de un futuro para nuestra isla.

Hasta ahora las cenizas, el humo y la lava, los visitantes ‘ilustres’, la televisión y las noticias –y algunos mirando para los votos locales-, tenemos que ser conscientes la desgracia del volcán, que sigue quemando cada día trabajo, sueños e ilusión de numerosos palmeros de nacimiento o de compromiso con la Isla Benahoarita. Sin embargo, creo que los mimbres para confeccionar los cestos de la recuperación deben plantarse ya.

No olvidemos que los problemas que tienen Canarias o la España continental miran para otro sitio. Cuando el volcán deje de sembrar ruina y miseria, los problemas sociales y las contrapartidas que en buena lógica demanden los ciudadanos de Finisterre o de Creus -que ahora son solidarios con La Palma-, requerirán atención por temas que ahora no son atendidos por los responsables políticos y son muchos. ¿Olvidarán La Palma?

Queridos responsables políticos, demandamos una valoración de pérdidas con apoyos económicos a los afectados. Dejemos amarrados estos días el compromiso económico, con partidas concretas para restaurar La Palma y la zona afectada por la erupción. Eso requiere nombre y apellidos, partidas económicas cuantificables, con cifras asociadas al territorio, con finalidades concretas y en un periodo de tiempo definido. Los sufrimientos de nuestro pueblo no los paga nadie, pero sí podemos dejar amarrada la construcción de viviendas y el patrimonio agrario pre-volcán.

Hemos de dejar no solo las partidas económicas con nombre y apellidos y referencias temporales sino también cambiar el marco legal sobre el malpaís, un tema que a día de hoy no está resuelto. Hay que cambiar las leyes y la protección del suelo ganado al mar para que sea suelo cultivable. Es el momento de apostar por la agricultura y dejar de protecciones a un malpaís que puede ser utilizado para que renazcan los sueños e ilusiones de nuestra gente.

Queridos palmeros de nacimiento y de compromiso, como bien decía hace unos días Alberto Morera, no podemos dejar que la compasión deje paso a las limosnas. Podemos y tenemos que hacerlo sumando poderes. Tanto los palmeros en el interior como los palmeros en el exterior tendremos que pedir y exigir que se haga justicia con nuestra isla.

No olvidemos la coyuntura histórica en la que vivimos. Ahora no tenemos lugar para emigrar, cosa que hicieron parte de los que transformaron La Palma hace muchas décadas. Aquella isla de secano con solo el 10% de los plátanos de Canarias en 1940 se situó en el 35% en fechas recientes, con un cambio significativo de una Isla de secano –con la excepción de los oasis de Argual,  Tazacorte y Los Sauces- a más de 50% de tierras cultivadas de regadío.

Hace un mes, La Palma exportaba más de 350.000 kilos de plátanos diarios que provenían de los regadíos en toda la isla. Sin embargo, hemos de destacar que los barcos nos traen gran parte de los alimentos que consumimos en La Palma vaciada en eso que ahora denominan ‘huella de carbono’ y ‘economía circular’.

Los plátanos de La Palma son algo más que  fruta que compite con la banana en Vigo o en Bilbao. Estos días hemos visto solidaridad en la Península y es algo que hay que seguir cuidando. Tenemos que reforzar los vínculos económicos y culturales, ya que es posible que se haya la tentación de dejar la agricultura para embarcarnos en el turismo y entrar en la competencia con los hermanos de Lanzarote y El Hierro para presentar kilómetros de lavas o tubos volcánicos, mientras los campos siguen cubiertos de rabo de gato y vinagreras. Claro que hay que cuidar el turismo, pero sin olvidarnos de los campesinos.

Hagamos nuestra la canción de Pedro Guerra ‘Contamíname’ y entremos en los colegios y en los medios de comunicación para ‘contaminar’ a nuestra gente de la importancia del sector primario cuando deje de hacer ruido el volcán. Miremos con más cariño y respeto a los jóvenes que están ‘contaminados’ con el campo y que trabajan con cabras, viñas y cultivos ecológicos.

Pongamos el valor el trabajo de nuestra gente. Gran parte del paisaje de viña más cuidado de Canarias se encuentra entre Briesta y Tinizara, con numerosas rozas cultivadas entre pinos de los oasis en el noroeste de La Palma que se mantienen o las viñas en Fuencaliente, en suelos casi calientes de los últimos volcanes. En Tenerife tenemos las viñas de Acentejo y en Lanzarote, la Geria en Lanzarote, que junto a los citados de La Palma, conforman un paisaje excepcional trabajado y labrado por nuestros campesinos.

Tenemos referencias agroambientales para sentirnos orgullosos y sembrar futuro. No miremos solo para el Brexit y las papas inglesas o egipcias como alternativa para nuestra tierra. Turismo y campesinos son complementarios y no pongamos más huevos en el mismo cesto. Plantemos mimbreras para confeccionar cestos y mostremos el máximo respeto y cariño a los que han sorribado la tierra para sacar adelante nuestra isla. Los volcanes son parte de lo que todos tenemos en nuestros corazones y estoy seguro que si todos nos unimos y vamos en la misma dirección, conseguiremos que La Palma se recupere de esta tragedia que nos ha tocado vivir en estos tiempos. j/b
 


 

 


 

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